jueves, 3 de noviembre de 2011

MARIA SERRANO... La Patoja que nunca se fue!

Empiezo a escribir estas líneas con la esperanza de saber plasmar y transmitir los sentimientos que llevo dentro; y sin embargo, después de varios intentos, me doy cuenta que es francamente imposible hacérselo llegar al lector con el mismo entusiasmo con el que viví la experiencia en Los Patojos. Aun así decido continuar con la intención de poder despertar alguna conciencia de este aletargado mundo.


El primer día que llegué a Los Patojos me recibió una preciosa perrita que con su nombre, Libertad, ya indicaba el lugar donde me encontraba. Las paredes llenas de preciosas pinturas de colores, transmitían una gran felicidad. Sólo faltaban los niños que poco a poco iban atravesando esa misma puerta, listos para dejar volar su imaginación durante otra tarde en esa fábrica de sueños.


Los patojos. Todos diferentes, pero iguales. Muchos rostros transmitían algo que no podía identificar en los niños que había conocido hasta ahora. Era una mezcla de adultez precoz y entusiasmo infantil, con grandes dosis de esperanza. Sus ojos observaban con curiosidad a esa desconocida que allí se encontraba pero, en lugar de huir, se acercaban y preguntaban seño, ¿cómo se llama?, les respondía y el vínculo ya estaba creado, siendo rápidamenteotramás. Desde ese instante, continuos abrazos y juegos eran nuestra rutina diaria.


Cada día era un aprendizaje y, aunque no lo saben, ellos eran mis profes. Son esos pequeños instantes (una mirada, unseño, te quiero mucho, la motivación de un niño creando su propio huerto o expresando su creatividad en un trozo de papel) los que te despertaban ese algo indescriptible en ti.

Y todo eso no sería posible sin el esfuerzo tenaz de los profes y seños que allí trabajan. Esas personas son las que están haciendo posible el cambio en Jocotenango y sin ellas, nada sería como es ahora. Mantienen el espíritu de Los Patojos en lo más alto, inspirando a cada visitante que atraviesa sus puertas.

Los niños son el futuro de nuestras sociedades y son ellos los que deben estar en primer lugar. Todos, sin excepción, debemos ser el cambio que queremos ver en este mundo. Y en todas partes ese cambio es posible. Esta experiencia me ha enseñado mucho y me ha permitido conocer a gente increíble que trabaja junta para lograr un mismo fin. Y sí, ese fin ES POSIBLE, sólo hay que poner LOS SUEÑOS E IDEAS EN ACCIÓN.

Gracias a todos, patojos, seños y profes por haberme dado la oportunidad de formar parte de Los Patojos. Ahora estáis siempre conmigo y, aunque lejos, ¡seguiremos juntos luchando por un mundo mejor!

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